
Recogimos una gran variedad de residuos:
Papeles, cartones, colillas (después de las fiestas había un manto de estos minúsculos restos en la plaza o en las puertas de las casas, las calles y el campo), latas de bebidas (sobre todo de cervezas), diferentes metales, cables y hierros, chicles, variedad de tetrabriks de bebidas y envases de batidos con o sin pajitas, mecheros sin y con gas, pilas, plásticos (de todos los colores, consistencia y tamaños), cajetillas de tabaco (con o sin su plástico, cartón y papel metal), Cd y DVDS, muchísimas clases de mascarillas (sobre todo quirúrgicas), botellas de vidrio (completas y algunas rotas), cristales rotos, ropa y tejidos (semienterrados en la tierra, dificultándonos su extracción), zapatillas, radiocasete, medicamentos, spray inflamable, silla de hierro, baberos, telas, guantes, y muchos otros como toallitas, kleenex y muchos petardos (otra de las huellas de las fiestas), dardos, bidón de gasolina…
Observamos y destacamos la cantidad de COLILLAS USADAS Y TIRADAS al suelo (tierra o asfalto). Este hábito automático “peligroso” nos dio que pensar y recogimos susodichas para depositarlas en los ECOCENICEROS.

Tras observar y depositar cientos de colillas en su contenedor adecuado, entre todos llegaron a la conclusión de que lo que más se tiraba eran los plásticos y las colillas porque “es lo que más consume la gente”.
La colilla “viaja” y produce efectos adversos sobre los diferentes hábitats. La consideramos un ECOPELIGRO por las siguientes razones:
-Si se tira y no se apaga bien (más en verano que está todo muy seco) puede provocar fuego.
-Una colilla tarda en degradarse de 1 a 2 años. Hasta los dos años si lleva filtro y está bajo los rayos del sol. El filtro es acetato de celulosa y las bacterias del suelo, combatientes de la materia orgánica, no pueden atacarle de entrada.
-La cosa se complica aún más si la colilla cae al agua pues, aunque se desintegra antes, es más contaminante. Si una sola colilla acaba en el agua del mar, contamina entre 8 y 10 litros, pero si se trata de agua dulce, unos 50 litros.
Las niñas y niños pensaron en soluciones. Una de ellas fue crear un cenicero prototipo y portátil para llevarselo al Alcalde de su pueblo y proponerle que lo distribuyese entre los vecinos; asi como colocar más papeleras y ceniceros en los sitios estratégicos del pueblo.
Y ¿si no tirásemos para que nadie tenga que recoger? Menuda enseñanza que nos dieron. ¡Muchas gracias!
